jueves, 3 de noviembre de 2016

Entrevista a Rayco Pulido




Hace poco más de una semana tuvimos ocasión de encontrarnos con Rayco Pulido, (junto a su hermano Javier) uno de los pocos representantes canarios en el panorama del cómic nacional. Inmerso en plena gira de presentación de su último trabajo se dejó caer por tierras gallegas y no desaprovechamos la ocasión para entrevistarle y charlar un poco sobre "Lamia", un vibrante relato de género negro que nos transporta hasta una Barcelona de posguerra, que vive sobrecogida la llegada de uno de los asesinos más sanguinarios que la ciudad haya visto. Un título que ha despuntado brillantemente desde su reciente salida y del que queríamos conocer más detalles. A continuación podéis disfrutar de las palabras que el autor nos brindó en nuestro encuentro.


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Buenos días Rayco. En primer lugar quisiera felicitarte por este tebeazo que te has sacado de la manga y que tan buenas críticas está cosechando desde que ha salido a la venta. Y siento tener que empezar por una pregunta que creo que todos los autores odiáis un poco y es… ¿Nos puedes explicar de qué trata tu nuevo trabajo sin destriparnos demasiado?

(risas) Primero, muchas gracias por tus comentarios. Y bueno, sí, es cierto que no se puede destripar demasiado. Lamia trata sobre una chica que si fuéramos al tema central, o al motor emocional, digamos que confunde necesidad con deseo. Es un típico motor para una trama, en este caso no puedo destripar qué es necesidad y qué es deseo porque eso es algo que tienen que descubrir los lectores, pero sí, básicamente te puedo decir que es una chica con determinación y tiene algunos problemas y los resuelve de manera contundente. Poco más puedo añadir, además de que es una historia de género negro, protagonizada por una mujer embarazada y en la que hay varios giros y sorpresas casi desde el comienzo.

Nos encontramos en principio con ese relato de género negro, pero que al mismo tiempo nos llega en un momento muy oportuno, porque digamos que el hilo conductor de esta historia también es en cierto modo el rol de la mujer en la España de posguerra, en los años 40. Y si me permites establecer el paralelismo, viene muy al pelo con la situación en la sociedad actual, donde parece que este rol que se aborda en el libro debería estar ahora obsoleto, pero que aun así sigue marcando mucho el presente. ¿Resulta muy difícil integrar esa faceta más real en una historia de ficción de este tipo?

Sí, vamos a ver, lo primero que dices es cierto, hoy en día las cosas no han cambiado tanto como nosotros pensamos o queremos pensar, parece más una cuestión de maquillaje, de cómo hablamos… pero al final escarbas un poco y no estamos exactamente igual pero no hemos avanzado ni un tercio de lo que pensamos que hemos avanzado. Y luego a partir de aquí te diré que en la trama realmente los temas sociales no eran una de mis prioridades, pero estos temas surgen a raíz de que eran necesarios por lo que estoy tocando, la historia de un personaje, un protagonista femenino, ambientado en los cuarenta, con lo cual si tú alejas un poco el foco de ese personaje tienes que ilustrar todo lo que le rodea y es ineludible tocar esos temas, porque esos temas son los que había. Lo que se comenta de que el rol de la mujer era o madre, o monja o prostituta, esos eran los roles que tenía la mujer en esa época. Y es inevitable tocarlos, pero no es una de mis preocupaciones, el acercarme al cómic social, simplemente la trama me llevó por ahí, el núcleo de la historia más dramático tenía más que ver con los problemas personales de ella y no tanto con la sociedad.

¿Cuál es el germen de esta historia y su protagonista Laia?

Pues surge un poco porque yo había terminado de hacer Nela y ahí también tenía un protagonista femenino, pero en este caso era muy distinto a Laia. Las dos son mujeres fuertes, pero Laia en este caso tiene bastante más determinación que Nela. Además Nela acababa un poquito mal, con un poquito de bajón y a mí me apetecía hacer una… no una venganza, pero sí abordar un personaje femenino al que le pasaran las cosas que la pobre Nela no pudo resolver, ese fue un poco el germen. Luego todo funcionaba a partir de acotar cosas que quiero ir haciendo. En ese momento estaba leyendo bastante novela negra, así que quería encasillarlo un poco en el tema policíaco y demás, todo lo demás ya vino rodado por la trama. Tenía al menos tres parámetros claros de lo que quería hacer, personaje femenino, género negro y que habría asesinatos. Normalmente lo primero que hago es buscar un final y cuando tengo un final empiezo a construir lo demás, luego la demás construcción surge a partir de lógica, documentación y un poco de azar también. La información que vas recibiendo durante el período que estás escribiendo a veces también puede formar parte de la trama, en este caso un elemento fundamental de la obra es el tema de la radio y el del consultorio radiofónico de Elena Francis, que surgió por pura casualidad. Estaba trabajando, pensando en la historia y suelo tener la radio puesta o la tele puesta, porque nosotros trabajamos en solitario y escuché un corto en el que se hablaba sobre el programa y ahí hubo un click, así surgió ese elemento. Ocurre que tienes tres o cuatro ideas malas (entre comillas) flotando en el aire, hasta que encuentras la pieza clave para empezar a unirlas y al final acaba surgiendo la historia completa. Son cuatro ideas malas que se juntan y forman un todo mayor.

Ahora que lo mencionas, la radio juega un papel muy importante, casi más que como un elemento como un protagonista más. Mencionabas el consultorio de Elena Francis, que sirvió como inspiración para el consultorio de Elena Bosch aquí en el cómic ¿Fue difícil encontrar material para documentarte?

Bueno sí, al final en internet puedes encontrar de todo, lo que tienes que tener es paciencia, porque en las primeras búsquedas siempre vas a encontrarte las mismas cuatro cosas, los mismos cortes de radio que hay en youtube o cualquier red social. Pero el tema es echarle horas, indagar, probar diferentes opciones y al final vas sacando información, desde entrevistas a personas que trabajaron como guionistas de ese programa, a noticias en periódicos sobre una masía que había vendido la familia Francis y allí encontraron un almacén con tropecientas cajas llenas con la correspondencia que le mandaban las oyentes del programa. También se han hecho otras cosas, alguna exposición, algún documental en TV3, o sea, que era un programa muy importante y hay bastante documentación en torno a él. Pero vamos, el proceso es exactamente igual a cuando buscas documentación gráfica, sobre Barcelona o sobre cualquier otra cosa. Tampoco soy periodista y no tenía que investigar y rascar tanto para sacar la información que necesitaba. Al final es una pieza más, que tú con X información puedes ir cogiendo y manipulando, no necesitas hacer una tesis.

Refiriéndonos un poco más a la vertiente de relato negro, mencionabas hace un momento que estabas leyendo mucha novela policíaca ¿Tienes algún autor o algún título como referente que te suela acompañar?

Sí, mi referente es Jim Thompson, que además era guionista de cine y también tiene tropecientas novelas, unas mejores otras peores. “El asesino dentro de mi” es una de mis favoritas, la verdad es que leí un montón de novelas y todas tienen nombres muy particulares… Pero ese título es la clave, todas funcionan un poco igual, siempre se mete en la piel de una especie de policía y acaba resultando ser un psicópata. Todo es puro monólogo interior, entonces tiene gracia, porque el escritor que más me gusta siempre trabaja a partir de una cosa que yo siempre intento evitar, que es el monólogo interior, el texto de apoyo, etc… Una cosa complicada es intentar traducir toda esa información al lenguaje del cómic, lo que los personajes están pensando, traducirlo en diálogo y en acción, pero que no sea un diálogo reflexivo. Intentar que sea el lector el que meta toda esa carga del pensamiento de los personajes, que lo vuelque en los monigotes que están sobre el papel. Ese es un poco el truco, que el lector acabe reconociéndose en los personajes incorporando un porcentaje de ellos a la obra.

Siempre me ha llamado la atención, tanto en este como en anteriores trabajos, el especial cuidado que pones al texto, a lo diálogos o al discurso de los personajes, ya sea por omisión o por su presencia. No sé si eso te lleva más planificación que otras partes del cómic.

El texto es fundamental. Yo lo que intento es eliminar el máximo texto posible y todo el que coloco es un texto que tiene que ser importante, bien para distraer al lector de cosas que están pasando, que plantan una idea que va a explotar veinte páginas más adelante. Y para que la idea no sea tan evidente a lo mejor tienes que recurrir a ese texto para distraer su atención. O sea, que tiene diferentes funciones. Yo lo considero una muleta, considero el cómic un medio que debería ser visual, aunque a veces no lo sea e intento contar todo lo posible con imágenes, por eso no me corto a la hora de estirar o recortar, entonces sí que pongo especial cuidado en cómo está escrito, en la calidad del texto y el volumen de texto que voy a meter, todo lo que pongo es indispensable en ese sentido, porque no he encontrado la manera de trasladar esa información de manera visual. Entonces sí, es una parte que cuido desde el principio, luego la vuelvo a estructurar toda, a reescribir los diálogos y demás. Es importante en el apartado creativo, esa primera fase del cómic es en la que tienes que estar más atento. El resto ya es dibujar y que te quede mejor o que te quede peor, que inviertas más dinero o más tiempo en la construcción de la página, pero eso ya es un tema más técnico.

En el apartado gráfico también nos encontramos en esta ocasión con un dibujo más limpio, por decirlo de alguna manera, de formas más cerradas, geométrico y de gran precisión. ¿Te ha llevado más trabajo en comparación con anteriores cómics? ¿Has cambiado intencionadamente mucho esta forma de afrontar el dibujo?

Mi trabajo ha cambiado a raíz de ir trabajando con mi hermano. Él trabaja para series americanas y yo como asistente le hacía básicamente los fondos. Y los fondos que él buscaba eran parecidos a los que se hacen en el manga, con personajes más icónicos y los fondos más trabajados a nivel de línea y a nivel de realismo, buscan ese efecto. Yo creo que eso ha afectado a mi dibujo, además el hecho del ambiente también lo enmarcaba, no es lo mismo trabajar en intentar ilustrar Barcelona que Socartes, que era el pueblo de Nela, un pueblo minero en el que eran todo rocas. Socartes era algo que podía trabajar desde la abstracción, mientras que Barcelona tienes que trabajarla desde la realidad y luego ir abstrayendo. El dibujo al final no deja de ser abstracción, pero hasta qué grado puedes simplificar te lo marca también los personajes. En este caso yo quería que todo más o menos cuadrara, que no fuera exactamente como el manga, que marca esa diferencia de iconicidad de los personajes y el fondo. En Lamia intenté que todo estuviera más o menos integrado, que todo estuviera al mismo nivel, incluso el grosor de la línea.


Con respecto al color, veo que sigues con tu blanco y negro característico. Aunque en Nela podíamos ver ciertos tonos dorados, en Sin título eran amarillos. No sé si tiene algún significado especial para ti, o si simplemente no te gusta y prefieres manejarte con el blanco y negro.

Sí que me gustaría trabajar en color algún día. Lo que pasa es que no me gusta es el color ambiental, simplemente por colorear y que la página quede bonita y hacer un producto más vendible. A mí me interesa desde un punto de vista narrativo. Encontrar un punto narrativo al color yo todavía no lo he encontrado. Cada proyecto habla de cosas distintas, en Sin título utilizaba una especie de ocre que era simplemente para señalar cosas que eran importantes en la historia, en Nela también usé un bitono por el que en Astiberri casi me matan (risas), porque se lo pedí expresamente y al final fueron solo cuatro páginas, acabaron diciéndome que el cómic era dos euros más caro por culpa del bitono de esas cuatro páginas. Pero bueno, tiene un sentido, en Nela usaba ese color ocre para representar todo lo que era paranormal en la historia, como eran la aparición de la virgen, cuando la niña escucha a la madre… Y en Lamia no encontraba tampoco su lugar. Sí, podía haber usado el rojo para hacer la sangre y tal, pero es que al final eso estaría muy utilizado y no quería meterme en jaleos. Además también reproduce distinto, yo quería que la reproducción fuera mejor para los negros. Cuando metes un bitono, o metes color la línea siempre tiende a variar, porque tienes que entregar más archivos, es algo más técnico, no es lo mismo que entregar el archivo en escala de grises, ahí la línea se conserva mucho mejor y yo quería que la línea fuera lo más próxima posible a la original.

Remitiéndonos a tu primer trabajo como autor completo, “Sin título”, que era una especie de metaficción sobre un autor primerizo (interpretado por ti mismo) que tenía sus dudas y acudía a la figura de un analista que le aconsejara… No sé cuánto de autobiográfico podía haber en aquella historia, pero ahora tras tu tercer trabajo en solitario ¿siguen asomando esas dudas como autor, o te ves más afianzado en la profesión?

No, todo son dudas, si no dudas es que tienes un problema. Si estás seguro de lo que estás haciendo y demás… para mí no tendría ningún tipo de sentido, o sea, en realidad económicamente no compensa todo este trabajo, si lo hiciera pensando que ya sé hacer todo lo que hay que hacer y que todas las elecciones son las adecuadas dejaría de hacerlo, dejaría de interesarme. La raíz de la duda es la motivación. Sin título es autobiográfico en el sentido de esas dudas, pero luego la historia no es autobiográfica. Salgo yo en el fotomontaje, pero únicamente porque era imposible encontrar a alguien que se pusiera al principio del proyecto, que eran unos tres años antes y a los tres años volver a llamarlo para terminar el proyecto, era un tema logístico. Pie de trinchera que es la historia que ocurre dentro de Sin título, es una historia que me sigue pareciendo interesante, de hecho si la miras con detenimiento, toco muchos de los temas que toco en Lamia, hay un asesino en serie, se habla sobre la hipocresía, hay corrupción policial, muertes por supuesto… el final es bastante parecido también, acaba en alto y luego volvemos a una estabilidad. Básicamente yo no siento que estuviera preparado para hacer una ficción académica con un principio, nudo y desenlace, al final es lo más complicado. Si te pones a ver ficción hoy, no tanto la americana, pero fíjate en España y todo el mundo opta por hacer biografías, narración fragmentada, con pequeñas historias ir contando la vida de alguien, mediante el uso de saltos en el tiempo… eso es relativamente sencillo, entre comillas, que no se me entienda mal, porque al final estás contando historias cortas que engarzadas te van contando un arco argumental. Pero montar una historia académica creo que es lo más complicado que se puede hacer. Y en ese momento de Sin título yo no me sentía preparado. Funcionó bastante bien a nivel de crítica y quizás si me hubiera lanzado a hacer Pie de trinchera directamente sin ese punto experimental, con todos los arreglos que le puse con los personajes que hablan sobre él, pues igual no hubiera funcionado tan bien. En aspecto de ventas flojito y más en Ponent, que no promocionaban demasiado el tebeo, pero a nivel técnico me ayudó a coger confianza.

Hablando de ciertos temas recurrentes en tu trabajo ¿Cuál sería el siguiente que te gustaría abordar en un futuro trabajo?

Por ahora no tengo nada pensado, ya veré, todo lo que haga en un futuro va a depender de cómo funcione Lamia. Ya he trabajado suficiente y creo que estoy en un punto en el que más o menos ya tengo una voz propia gracias a haber ido publicando. Y creo que en un futuro intentaría seguir haciendo ficción académica, pero me gustaría ir tocando los géneros que me interesan. Aquí he tocado las claves del género negro, pero también me gusta la ciencia ficción, me gusta el péplum, también alguna biografía, pero como hice con Nela intentar ver las biografías que hay y hacer una biografía distinta, esa narración fragmentada de la que hablábamos no me acaba de convencer. Se pueden adaptar incluso cosas que no se han adaptado, obras de teatro, coger una película y adaptarla al cómic, cosas no se suelen hacer, yo las haría a nivel de experimentación. En realidad mi carrera es a golpe de marcarme un reto personal e intentar resolverlo, no estoy demasiado preocupado por el mercado ni por lo que van a pensar. Simplemente intento hacerlo lo mejor posible y esa es la mejor manera de respetar al lector, lo demás es estar mirando al bolsillo del lector, que es muy distinto que mirar al lector.

También hay que mencionar que Lamia fue una obra que te llevó cerca de tres años y fue finalizada gracias a la beca en la Maison des auteurs en Angouleme ¿Qué tal resultó la experiencia allí?

Muy bien, la verdad es que respecto a la beca de la Maison recomiendo a todo el mundo que se quiera dedicar a esto que se presente. Y es una experiencia increíble, supone un salto cualitativo y cuantitativo en cuanto a que conoces a un montón de autores que son buenos, porque para estar allí tienes que pasar unos cuantos filtros. Todos tenemos una manera distinta de trabajar, una manera distinta de pensar, no tiene nada que ver un oriental con alguien de medio oriente, o nosotros, o los americanos. No recuerdo si eran unos 25 talleres, así que hay bastantes autores y tienen una política de puertas abiertas, con lo cual puedes estar allí, obviamente sin entorpecer su trabajo, pero sí que puedes visitar sus talleres y ver cómo están. Entonces se crea una especie de complicidad que a nivel creativo es muy interesante. Yo llevé Lamia bastante cerrado ya, con lo cual tampoco afectó demasiado a lo que estaba haciendo, pero sí que va a afectar en un futuro, sobre todo a la manera de afrontar el trabajo.

Para ir terminando, diré que son ya muchas las voces que están apuntando a Lamia como uno de los títulos del año a nivel nacional, pero aun así percibo cierto pesimismo por tu parte con respecto al panorama editorial o a la profesión.

No es pesimista (risas), con Lamia soy optimista simplemente hacia a la expectativa de a ver qué ocurre. Yo creo que más que pesimismo es realismo, es lo que hay, son pocos los que acaban de vender una primera tirada, en el caso de Astiberri son dos mil, pero por ahí son mil y es complicado tener una segunda edición de cualquier título. Y teniendo en cuenta el tiempo que inviertes y los porcentajes que se manejan… pues te llevas un diez por ciento. La gente está un par de años y luego se mueve hacia otros caminos, intentan ganarse los garbanzos por otro lado. Yo ahí estoy a la expectativa, me gustaría seguir ganándome la vida con el lápiz, pero eso tiene varias maneras de hacerlo, no sólo el cómic, o no solo trabajar publicando libros en España, puedes intentar cosas fuera o vender tu fuerza de trabajo en el mercado extranjero (risas). Entonces ya se verá, no me como demasiado la cabeza con eso. Pero bueno, que no es pesimista, es una visión realista, para mí todo lo que venga ahora es una sorpresa, todo apunta a que puede ir bien, me comentan por ahí que Lamia puede llegar a un público bastante amplio, no necesariamente relacionado con el mundo del cómic, entonces creo que ahí tengo un punto fuerte, una ventaja y luego se verá. Al final, que el lector se acerque es lo que determina el trabajo y lo siguiente que vayas haciendo. Pero nada de pesimismo (risas).

Pues confiemos que el camino de Lamia sea afortunado y que gracias a él sigan llegando más trabajos de Rayco Pulido hasta nuestras estanterías. Muchas gracias por tu tiempo.


Gracias a ti


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Como siempre, antes de despedirme, mis agradecimientos a Banda Deseñada y Librería Paz por hacer posible este encuentro. Y por supuesto a Rayco Pulido por su tiempo y amabilidad.


Roberto M. Lamosa