martes, 10 de octubre de 2017

Roman Ritual

Roman Ritual

Autores: El Torres (guion), Jaime Martínez (dibujo), Sandra Molina (color).
Editorial: Dibbuks
Formato: 112 páginas, color, tapa dura.
Año de publicación: 2015
Precio: 16€



Tras el descubrimiento de la macabra muerte del obispo Marelli, el exiliado sacerdote John Brennan, especialista en exorcismos, es convocado para enfrentarse a un mal que se expande dentro de los muros de la mismísima Santa Sede. Un mal como no se había visto nunca antes parece hostigarles y podría traer consigo la completa destrucción de la iglesia Católica.

A menudo, cuando pensamos en el género de terror y en sus títulos o autores de referencia, inconscientemente tendemos a mirar hacia afuera, obviando u olvidándonos de autores del panorama nacional como Juan Antonio Torres (El Torres), quien por méritos propios se ha proclamado como uno de los grandes maestros del terror en los últimos años. El malagueño, autor de títulos como “El fantasma deGaudí”, “El bosque de los suicidios”, o “The veil”, nos sorprendió a mediados del 2015 con un impactante título en el que afrontaba un tema, si bien bastante explotado en el mundo del cine, no tanto en el del cómic… las posesiones y exorcismos.

Ciertamente “Roman Ritual” corría el peligro de asentarse sobre una montaña de clichés y tópicos del género, tan manidos y desgastados en la industria cinematográfica. Pero el gran acierto de El Torres, fue el de llevar su relato un paso más allá, incluso a riesgo de meterse en terreno cenagoso; transportándonos a un escenario cercano y creíble, casi tangible a pesar de la ficción, sabiendo conducir su fantasía hacia el terreno de la realidad… Tema especialmente espinoso, cuando dicha ficción transcurre dentro de los muros del mismísimo Vaticano y se aprovecha de la realidad social y eclesiástica más reciente para tejer su argumento final.

“Roman Ritual” nos pone en la pista del padre John Brennan, un sacerdote especializado en exorcismos, cuyo pasado de rebeldía contra el hermetismo de la Iglesia le ha costado el ser repudiado por la Curia Romana. Pero la súbita muerte de su mentor, el obispo Marelli, le ha vuelto a poner en la mira del Vaticano. Un poder corruptor ha llevado al borde del abismo a la mismísima Santa Sede y Brennan parece haberse convertido hora en la última esperanza para resolver un conflicto de tintes especialmente macabros. El futuro de la Iglesia Católica está en crucial peligro y solo él estará en posición de averiguar qué es lo que se está pudriendo en el corazón de la Iglesia.

   

Al sólido y formal guion de El Torres le acompaña un apartado gráfico a cargo de Jaime Martínez, que se antoja en un primer momento como algo flojo y quizás demasiado rígido en lo que parece un abuso de referencias fotográficas. Pero a medida que el relato avanza, su dibujo se va acomodando, adquiriendo una soltura más natural y sin duda ganando enteros en gran medida gracias a los magníficos colores de Sandra Molina; logrando crear finalmente una atmósfera turbia y corrupta, que nos llevará de la mano de principio a fin por esta oscura historia de intrigas y terror.

Tras su publicación en el mercado americano por la editorial Amigo Comics, este título sería rechazado por varias editoriales nacionales debido a lo escabroso de su argumento, hasta recabar en la editorial Dibbuks, quien lo publicaría para nuestro mercado, en un tomo de tapa dura, al precio de 16€. Que además cuenta entre sus extras con un prólogo a cargo de Paco Plaza (director de la saga REC) y una jugosa sección con el así se hizo del cómic.

En definitiva, un título del terror que no puede faltar en las estanterías de los amantes del género, al que esta semana le quiero conceder mi sello de aprobación del Capitán Latinoamérica.


martes, 3 de octubre de 2017

Colder

Colder

Autores: Paul Tobin (guion), Juan Ferreyra (dibujo).
Editorial: Medusa Comics (Editorial Hidra).
Formato: 156 páginas, color, tapa blanda.
Año de publicación: 2015
Precio: 15,95€



La temperatura corporal de Declan Thomas cae un poco cada día desde que el manicomio en el que estaba recluido fue arrasado por un incendio. Además, Declan posee una extraña habilidad: es capaz de entrar en la locura de otras personas y, a veces, curársela. Su esperanza es llegar a curar la suya algún día, pero tiene poco tiempo, porque un depredador demoníaco le persigue.

No es la primera vez que hablamos del tándem artístico formado por Paul Tobin y Juan Ferreyra, quienes ya habían pasado por estos lares con su trabajo en “Prometheus” (nuestra reseña aquí). Pero lo cierto es que su relación artística se remontaba en realidad a algunos años antes, en un género en el que ambos parecen sentirse cómodos y que han demostrado dominar sobradamente cuando trabajan juntos, el del horror. No podíamos pasar por alto en este mes dedicado a dicho género, uno de sus títulos más reseñables y exitosos de los últimos años. Con “Colder”, Paul Tobin se adentra en los inciertos terrenos de la cordura humana y sus límites, para desarrollar un guion tan ingenioso como inquietante en su planteamiento, con el que logra transportarnos desde la realidad a un mundo de surrealista locura.

Nimble Jack es una hambrienta criatura que de algún modo ha logrado abrir una brecha por la que introducirse en nuestra realidad, pero su hambre no es de las que se sacia con carne, si no con la locura de las mentes humanas; lo inquietante del asunto es que… ¿quién puede asegurar estar plenamente en sus cabales? La ciudad de Boston se ha convertido en su buffet libre y sólo el encuentro con un viejo conocido parece suponer un obstáculo en su camino. Declan Thomas es ese alguien, una rareza clínica y un auténtico enigma andante, un hombre que ha permanecido en estado vegetal durante las últimas décadas mientras su temperatura corporal iba menguando de manera imposible. Pero ahora que ha despertado de su letargo deberá huir de Nimble Jack usando sus inexplicables habilidades sobrenaturales para moverse entre dimensiones y extraer la locura de otros. Declan se va enfriando poco a poco, en una cuenta atrás que le acerca peligrosamente a los cero grados. Exhausto y al límite de su cordura deberá encontrar el equilibrio entre la demencia y una muerte asegurada.

   

Los lápices de Juan Ferreyra vuelven a ponerse al servicio de una historia oscura, en la que sus talentos debían afrontar la nada fácil tarea de representar los terrores abstractos de la mente humana, plasmarlos y definirlos en lo que ha resultado ser un excelente y tétrico apartado gráfico. Especial mención merecen su diseño de personajes, criaturas surrealistas y extravagantes mundos de fantasía. Todo ello arropado por unos excelentes colores en los que ha trabajado una vez más junto Eduardo Ferreyra y Laura Binaghi.

Este título original de Dark Horse ha sido publicado en España por Medusa Comics al precio de 15,95€, en un formato de tapa blanda, que entre sus extras incluye una generosa galería de bocetos y diseño de personajes. Y que forma parte de una serie con tres números publicados hasta la fecha, que sin duda hará perder la cabeza hasta a los más exigentes con el género de horror.

En definitiva, un título al que esta semana le concedo mi sello de aprobación del Capitán Latinoamérica.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

El infierno del dibujante

El infierno del dibujante

Autores: Kiko da Silva & Manuel Pardo
Editorial: Dibbuks
Formato: 64 páginas, color, tapa dura.
Año de publicación: 2015
Precio: 16€



Manuel Pardo es un dibujante de 72 años que lleva toda la vida dedicándose a crear historietas… pero a pesar de su versatilidad y destreza con el lápiz, nunca ha sido capaz de publicar ninguna de sus obras. Cada vez que crea una historieta descubre que alguien se le ha adelantado y publicado una igual a la suya. ¡Qué mala suerte! Pero el incansable Manuel seguirá intentando ser el más rápido para lograr que le publiquen alguno de sus comics… siempre y cuando alguien no lo haga antes que él ¿Lo conseguirá?

¿Es posible que el infortunio te persiga toda tu vida hasta en el momento mismo en el que decides contar tus memorias? Dice la leyenda negra que hace algunos años el artista vigués Kiko da Silva se topó, por azares de la vida, con un diario extraviado, en el que un hombre narraba los más desafortunados momentos en su vida como artista; un hombre que había sido incapaz de publicar jamás su trabajo, porque cada vez que lograba crear una obra brillante, alguien se le adelantaba publicando algo parecido, condenando su carrera al rechazo, la frustración y la desidia. Dice esa leyenda negra que da Silva, inspirado por dicho texto, decidió crear y presentar su propia historia titulada “El infierno del dibujante”, que sin saberlo se toparía de bruces con otra obra idéntica y en el mismo momento, pues el diario en el que estaba basada era nada menos que el diario perdido del mismísimo Manuel Pardo ¿Era posible tanto infortunio o se trataba de un flagrante caso de plagio?

El audaz Kiko da Silva nos lleva de la mano a su terreno, narrándonos esta atípica historia que se atreve a trasladar las claves del mockumentary (o falso documental) a las páginas de un cómic, en el que la línea que separa realidad y ficción se desdibuja a base de humor y parodia.


Sorprende a primera vista la pasmosa versatilidad del autor vigués, quien demuestra a cada página su gran capacidad para cambiar de registro gráfico y mimetizarse con la obra y dibujo de algunos de los autores más célebres del mundo, a quienes homenajea en un constante desfile de historias breves, en las que se hace difícil discernir dónde empieza y acaba su propio estilo; destacándose en definitiva como un artista de un talento indiscutible.

   
    
Pero esa misma versatilidad es en realidad aplicable al concepto global del cómic en sí, que se muestra como un trabajo de múltiples facetas. “El infierno del dibujante” es una obra de humor y entretenimiento, innegablemente. Pero tras esa primera fachada se esconde una inteligente reflexión sobre la profesión del dibujante y el autor, en las que a diario deben lidiar con la problemática de la redundancia y reinterpretación de sus temas. Y es que, como diría aquel… No hay historia que no haya sido contada ya, tan solo queda otra manera de contarlas.
Es además un ejercicio que trasciende a las propias páginas del cómic y pone a prueba la percepción de la realidad, cuestionando la fragilidad de la información que en último término llega hasta el espectador (y no solamente al lector) ¿Qué es verdad y qué no de lo que se nos cuenta en nuestra vida diaria, de qué nos podemos fiar?
Pero “El infierno del dibujante” es sobre todo una oda al mundo del 9º arte, un paseo guiado a través del museo del cómic universal, un trabajo que destila amor por el medio a cada página, un relato en el que se suceden los homenajes y guiños a autores que han marcado a generaciones enteras: al ilustre literato Castelao, a la escuela Bruguera e Ibáñez, a los grandes de la vieja y nueva bande dessinée franco-belga de Morris, Goscinny, o Lewis Trondheim, al humor ácido de Quino, las tiras cómicas de Calvin & Hobbes de Bill Watterson, y un sinfín de referencias de las que no se escapan ni el propio título y portada de esta historia, en los que se calca sin rubor el trabajo de Paco Roca.

En definitiva, nos encontramos con un relato un tanto agridulce pero hilado por la parodia, en el que la continua presencia de personajes que ya forman parte de la cultura popular, tan anclados en la memoria colectiva, hacen de ella una historia muy accesible al público general, que sabrá apreciar la ironía, el humor y sobre todo el amor que desprenden sus páginas.

Este título ha sido publicado por la editorial Dibbuks, en formato cartoné, de 24,5 x 32,5 cm, al precio de 16€. Desde luego, una adquisición que no se debe dejar escapar.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Torpedo 1972

Torpedo 1972

Autores: Eduardo Risso (dibujo), Abulí (guion).
Editorial: Evolution Comics (Panini Comics)
Formato: 64 páginas, color, tapa dura.
Año de publicación: 2017
Precio: 15€





Torpedo no tiene amigos y muy pocos enemigos. De los primeros no se fía y eso explica que haya alcanzado una edad tan avanzada; a los segundos los ha enterrado a casi todos, e incluso ha llegado a ir al sepelio de unos cuantos, para asegurarse de que no volverían a causarle problemas.

Si alguna vez habíamos creído que no volveríamos a cruzarnos con el pendenciero asesino Luca Torelli, no podríamos haber estado más equivocados, pues el infame Torpedo nunca ha estado muerto, quizás tan solo olvidado en un retiro forzoso desde el que ha visto como los años pasaban sin piedad. Quizás su sombra haya empequeñecido y su carácter se haya agriado (más todavía), pero no nos dejemos engañar por las apariencias, Torpedo no es un vulgar anciano cascarrabias sentado en un banco del parque viendo la vida pasar, es el mismo diablo de siempre, frio y cruel, envuelto ahora en una carcasa más veja. Los años lo han tratado mal, su vida no es aquella escena de lujo y excesos que fue en sus buenos tiempos; pero aun malviviendo en un sucio cuchitril sigue en pie y sigue vivo, que es más de lo que pueden decir muchos de sus rivales.

Enrique Sánchez Abulí recupera a su más célebre e icónico personaje, no diré aquello de amado y odiado a partes iguales por sus lectores, pues es difícil amar a este siniestro asesino; pero que sí produce esa extraña atracción hacia su hipnótico halo de perversión y rudeza. Vuelven los juegos de palabras y retruécanos del maestro argentino, vuelve el retrato crudo y sin contemplaciones del asesino a sueldo, vuelve el relato negro en estado puro y todo ello lo hace en esta inesperada continuación de la vida de Luca Torelli, a quien todos dábamos por muerto. Abulí nos propone ahora una historia crepuscular que nos remite a los años de senectud del personaje, en una Nueva York muy cambiada, donde él ya no es el amo. Pero aunque su fama ha menguado, no ha hecho igual su genio desde su retiro en el olvido. La situación cambiará cuando una pareja de reporteros entrometidos decida hurgar en la basura del pasado, en busca de un suculento reportaje con el que ganarse la gloria; sin saberlo habrán despertado a un fantasma aletargado que aún no ha quemado su último cartucho.


Con el manuscrito sobre la mesa, quedaba la peliaguda cuestión de cómo sustituir al maestro Bernet a cargo del dibujo de Torpedo tras tantos años de trayectoria. Pero la elección final no podría haber sido más adecuada, al subirse al barco el argentino Eduardo Risso. Artista catapultado a la fama (años ha) por la no menos célebre serie de género negro “100 Balas”. Maestro creador de atmósferas, inigualable a la hora de captar el espíritu del lugar y el momento, capaz de plasmar la rudeza y sordidez en sus escenarios, es quien ahora pone sus lápices al servicio de esta historia ambientada en los bajos fondos de Nueva York a inicios de los 70, y que pedía a gritos su talento.

El resultado ha sido inmejorable, aunque, si bien a los viejos conocidos y lectores de Torpedo les satisfará sobradamente, quizás al nuevo lector se le antoje algo escasa esta historia titulada “A propósito del Mar Muerto”, que bien valdría como una nueva presentación del personaje, pero que supone tan solo el primer capítulo de una serie que promete prolongarse por mucho tiempo. Y es que Torpedo ha vuelto y lo ha hecho para quedarse.

Es Panini Cómics, bajo su sello Evolution Comics quien ha publicado este tomo en formato de tapa dura al precio de 15€; que incluye un prólogo y un relato breve a cargo de Sánchez Abulí, además de una galería con el diseño de personajes realizado por Eduardo Risso para la ocasión (un adelanto aquí).

lunes, 11 de septiembre de 2017

Entrevista a Eduardo Risso


Su paso por el festival Viñetas desde o Atlantico fue un auténtico vendaval. Y es que el artista argentino, padre de criaturas tan célebres como "100 Balas", "Dark Knight III", "Lobezno: Logan", "Antes de Watchmen", o la muy esperada "Torpedo: 1972" (que estrenaba en primicia en estas fechas), no pasó inadvertido ante las legiones de lectores y admiradores que fervientemente aguardaban su paso por la ciudad de A Coruña. Con él pudimos compartir unos muy gratos minutos y descubrir algunas curiosidades sobre su extensa trayectoria profesional en el mundo de los cómics, que a continuación desgranamos en la entrevista que nuestro reportero Roberto M. Lamosa tuvo ocasión de hacerle.


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Hola Eduardo. Preparando esta entrevista he podido ver tu carrera en perspectiva desde sus inicios y he intentado compararla con el panorama actual del cómic argentino, que personalmente creo que está viviendo un gran momento, al menos en cuanto a autores que consiguen una proyección internacional, pero en tu caso tus comienzos no fueron muy fáciles allí en Argentina ¿Cómo viviste aquella época, siempre tuviste claro que te querías dedicar a esto?

No fue fácil… creo que al principio yo tenía una especie de fuerza que me motivaba y era el hecho de decir – yo quiero hacer esto y lo voy a hacer cueste lo que cueste – Y en verdad llegué muy temprano, muy rápidamente, porque desde mi pequeño pueblo donde yo tomé esa decisión a Buenos Aires fueron dos años, allí es donde estaban las editoriales y en dos años yo ya estaba publicando profesionalmente. El hecho es que, después el camino se empezó a poner difícil por las crisis… si no eran en Argentina eran en el mercado europeo y eso me llevó a ir saltando de mercado en mercado. Pero bueno, aquí estamos, todo fue superado con el tiempo y yo creo que siempre he sabido capitalizar cada una de esas crisis, al tener muy en claro qué era lo que me gustaba y es por eso que hoy puedo dar consejos y decir que en verdad la altura de los problemas la ponés vos mismo, porque las crisis siguen estando y van a seguir estando ahí. Y después están las cuestiones personales que te llevan a tomar tu propia decisión, más allá de lo que pueda ocurrir a tu alrededor.

Y sorteando estas crisis, pasaste por mercados como el italiano o el español y desde Europa finalmente darías el salto al estadounidense, que no sé si fue el que te abriría las puertas definitivamente…

Sí probablemente…

¿En este caso sería 100 Balas la serie que te ayudó más significativamente dándote el respaldo que te faltaba?

Sí, yo creo que 100 Balas significó eso. Siendo un trabajo largo, un trabajo que ha obtenido el reconocimiento de la gente a través de… más que mérito nuestro, más ese boca en boca que fue poniéndonos por encima de algo que nosotros suponíamos que podía suceder. Y bueno, con el tiempo y en una serie tan larga, de alguna manera te instalas no solo en un mercado sino que también a nivel internacional. Ese reconocimiento no lo había obtenido en el mercado europeo, que bien es cierto que… yo publiqué no solo en Italia, también en el mercado francés, que es uno de uno de los más importantes de Europa. Publicaba en Francia cosas que hacía para el mercado italiano y el mercado italiano es muy particular, entonces no es lo mismo lo que haces directamente para Francia que si le vendes un producto que no es hecho particularmente para ellos. Al final nunca sabes si las cosas funcionarán de la misma manera en un lado que en otro.

¿Te brindó alguno de estos trabajos libertad creativa, o libertad de elección, al menos para escoger con quién trabajar o en qué proyectos?

Sí, siempre tuve libertad creativa, porque si hay algo que he tenido en claro es que yo le tengo que demostrar al guionista que él debe confiar en mí. Mucho de lo que él quiere contar en palabras lo puede depositar en mi narración gráfica y entonces es ahí donde yo, sin conocerlo al principio de todo, le doy la opción de – mira, si vos me pedís que yo te haga AB, yo te voy a dar ABC y si me pide ABC, yo le daré ABCD – Trato de ir un poco más allá con la narración gráfica, con las imágenes de lo que él me propone. Entonces en particular eso ayuda a que lo que hablábamos antes, de que el equipo de alguna manera se vaya consustanciando, se vaya entrelazando, así el feedback es mucho mejor. Tengo anécdotas que podría contar acerca de eso y bueno… donde los guionistas si realmente están de acuerdo que están haciendo historietas, esa libertad te la dan absolutamente.

Y por ejemplo esa relación con Brian Azzarello fue especialmente larga, más de diez años durante la serie… ¿Pero realmente cómo llegó hasta tus manos 100 Balas? ¿Fue él quien te lo propuso?

Bueno, en realidad él había vendido el proyecto a Vertigo, se lo había propuesto y necesitaban un dibujante. En aquel momento un editor, Axel Alonso, que ahora está en Marvel, tenía tres opciones que creía que eran los artistas posibles y tuve la suerte de que en aquel momento, si te acordás funcionaba el fax, entonces él le iba a pasar por fax desde Nueva York a Chicago (que es donde Brian vive) muestras de los tres autores y yo tuve la suerte de que fui el primero. Solamente cogió la primera página Brian y dijo – este es el dibujante que yo quiero – Los otros no los vio, no sabía quiénes eran.

Parece un tipo muy particular ¿cómo es tu relación con él personalmente?

(risas) Mira, te voy a contra una anécdota. Trabajamos durante tres años sin conocernos en persona, él intentó llamarme una vez en Argentina pero yo hablaba muy mal inglés, hoy en día tengo un inglés muy pobre pero me puedo defender, pero en aquel momento no hablaba nada. Entonces me llamó y… (gesticula expresiones de rareza)… sí… bueno… vale, mejor sigamos comunicándonos por email y así lo hicimos (risas). Tres años después, por fin nos conocimos en la Comic Con de San Diego, eso fue más o menos a esta hora, a media mañana y a la tardecita/noche ya estábamos compartiendo cervecitas… las cervezas de maravilla (risas). Pero él me confesó que tenía mucho temor de que se rompiera esa magia que habíamos creado de trabajar en la distancia, donde funcionaba todo perfectamente; que se rompiera por el hecho de cómo es conocer a una persona, que te puede caer bien o no tan bien y ahí puede haber un rompimiento. No ocurrió eso, por el contrario, es como si hubiéramos nacido al lado, en casas contiguas, porque teníamos códigos muy parecidos y sobre todo teníamos muy en claro cómo hacer cómics y qué era lo que queríamos para hacer cómics. Entonces es muy fácil montar un equipo así.

En tu carrera también ha habido títulos muy destacados dentro del mundo de los superhéroes, hemos podido ver tu dibujo al servicio de Logan o Batman entre otros ¿Pero cuál es tu relación con los superhéroes, te sientes cómodo con ellos?


No, no me siento nada cómodo porque no me los creo a los superhéroes. Me gustan las historias de gente común, que sufre, que vive… Vengo de un país donde todo es muy duro y no veo a gente que dispare rayos por los ojos (risas), si existieran súper se arreglarían muchas cosas que no deberían ocurrir en el mundo y sin embargo... Es muy naif el superhéroe para mí, me cuesta mucho meterme en el traje del superhéroe, ciertamente es todo un desafío. Y por supuesto quien más dibujé es Batman, porque se supone que es el más humano de todos, es el que más sufre, el que tiene sus luchas internas, si está bien o está mal. Bueno, así es el mundo del superhéroe, si puedo escapar lo hago, no es lo que más me atrae…


No sé si me equivoco al decir esto, pero veo que a largo de tu carrera hay una constante que son las historias más… rudas, por decirlo de algún modo ¿Es una elección consciente?

Bueno ¿a qué llamamos rudas?... Si vos me decís contar la historia de un obrero y nunca le pasa nada… algo tiene que suceder para que sea atractiva la historia, de lo contrario… ¿Qué es lo que tiene el superhéroe? volviendo a ese tema. Vos sabés cómo empieza y cómo termina, lo que vale es el desarrollo. Es como una telenovela, todos sabemos cómo termina la telenovela. Pero si hay algo que se puede cambiar en otro tipo de historias es eso, el principio el desarrollo y el final también y yo creo que tiene que sorprenderte siempre. Ocurre con el cine, si vos vas a ver una película y dices yo sé por dónde va a ir, y me imagino el final, y el final se da como me lo imaginé es una frustración, pero si me sorprende es que está muy bien hecha. En toda historia tiene que haber ese factor que te sorprenda y te enganche.

Otro factor recurrente y siendo argentino parece casi inevitable, es este elemento latino siempre presente en tus cómics ¿No sé si alguna vez en Estados Unidos te han comentado algo al respecto?

No, porque fíjate que incluso las críticas que han sido muy buenas respecto a 100 Balas, eran de que yo sabía traducir muy bien la atmósfera de cada lugar en Estados Unidos. Por ejemplo, yo conocí ciudades que había dibujado tres o cuatro años antes, las conocí después. Sin embargo lo de transmitir la atmósfera es algo que a mí me gusta, es algo personal, yo ahora voy caminando por la Coruña y presto atención a detalles, los edificios, la gente… Que a lo mejor es algo que le ocurre a todos los dibujantes, pero la mayoría de la gente no mira, la gente no va mirando hacia arriba, si hay cables o no… Yo presto atención a pequeños detalles y eso es lo que trato de traducir después en cada historia en cada imagen. Me aferro a esos pequeños detalles para darles vida.

Hablando estrictamente de tu estilo, hay que reconocer que tienes un dibujo súper potente en blanco y negro. Pero sin ir más lejos, aquí en tu exposición también podemos ver una buena muestra de tu trabajo en color ¿Cómo es tu relación con otros coloristas, tienes mucha fe en ellos o por lo contrario prefieres encargarte tú de esa parte del trabajo también?

Mira, en este momento el color lo estoy haciendo todo en mi estudio, tanto en Torpedo, como en Moonshine, mi nuevo proyecto, y comencé básicamente con el Dark Knight con Paul Dini. No me disgustó el trabajo que se hizo en 100 Balas, de hecho hubo un cambio de colorista, no fue la misma colorista en la última etapa que a quien tuvimos al principio, porque para mí el color tiene que crear un clima, es decir, cuando no existe ese clima ahí algo está fallando. Si yo en blanco y negro puedo jugar con los diferentes planos y puedo generar cierto clima, tensión y todo eso… y luego un mal color dispuesto hace que eso se pierda, eso quiere decir que algo está fallando. Se cambió en un principio el colorista y la segunda etapa, que fue la más larga, funcionó mucho mejor, de verdad yo trabajé muy cómodo con Patricia Mulvihill, porque entendió el concepto de lo que yo pensaba con el color.
Después, al manejar proyectos propios, en los que yo tengo la posibilidad de hacer el color en el estudio, lo hago directamente. Puede ser mejor o peor, pero mi intención es que el color tiene que ayudar a generar un clima en la historia, tiene que ayudar a generar una atmósfera y que llegue al lector.

Antes de ponernos a hablar de Torpedo no podemos pasar por alto otro tema importante, porque eres el responsable del festival de cómic de Rosario, el CRACK BANG BOOM ¿Qué es más difícil, el trabajo como artista o como organizador de este evento?

Lleva tiempo la organización del evento y además nosotros hacemos mucho a pulmón. Para darte una idea, ahora yo armé un equipo, porque era así, fue mi idea la organización, pero me asocié con la Secretaría de Cultura de la ciudad, pero que no tenían ni idea de cómo se hacía un festival de cómic ¡Ni idea! No lo tienen por qué saber. Yo les tenía que decir cómo funcionaba todo, lo hice, creé un traje a medida para que funcionara y luego me tuve que empezar a hacer cargo de muchas cosas de las que la gente no es consciente, por ejemplo una tontería, el comprar los pasajes aéreos para los invitados ¿Por qué? En la primera edición yo llevé a Jim Lee y Brian Azzarello, que no son cualquiera, porque eran todos amigos a los que yo les venía comiendo el coco hacía diez años ¿Si un día yo organizo un festival en Argentina vos vendrías? Y al principio todo el mundo te dice – sí, yo sí. Pero llegado el momento te dicen – Ooohhh… ¿Argentina, ahora? – Tenés que llevarlos, así que hay que insistir otra vez. Y uno de esos autores que iba a ir era Humberto Ramos, a quien le mandaron el pasaje un día antes, claro, yo estaba en contacto con él, pero cuando le llegó el pasaje me decía, perdona Eduardo pero yo no puedo salir de un día para otro. Bueno, se excusó y entonces desde ese momento dije, yo me hago cargo de los pasajes personalmente, con plata de mi bolsillo y así con todo. Al principio de lo que yo me encargaba con mi equipo (que eran seis o siete, ahora sumé alguno más era) era el 10% de las tareas, ahora es el 90% con mi equipo y el 10% restante lo hace la Secretaría de Cultura, que básicamente lo que hace es darnos los espacios, el resto lo armamos todo nosotros. Lo que sí hice para evitar cualquier malformación, es crear una Sociedad Civil sin fines de lucro, es decir, nosotros no percibimos dinero, sí que se cobra una entrada al evento, pero es básicamente para recuperar esos gastos. Yo pongo dinero y no pretendo sacarle un rédito a esto, recupero el dinero y lo que queda va para el próximo festival, porque hay que pagar los pasajes, hay que darles de comer… nosotros les pagamos todas las comidas, yo invito a la gente y no gastan ni un euro, nosotros les pagamos todo. Entonces todo eso se hace en octubre, descansamos un mes y ya comenzamos a trabajar nuevamente, sobre todo en la agenda de los invitados, porque entiendo cómo son las agendas de los artistas, yo mismo ya tengo cuatro eventos para el año que viene, tengo invitaciones que me llegan todo el tiempo, hay muchos eventos en todas partes. Para entrar en la agenda de un artista tienes que hacerlo con mucho tiempo de anticipación y eso demanda todo un trabajo extra, pero bueno… si te gusta… Uno crea un bebé, lo ve crecer y después no lo podés abandonar (risas).

Para terminar, vamos a hablar de Torpedo: 1972, posiblemente uno de los títulos más esperados del año. Pero me gustaría saber si a Abulí o a ti os dio vértigo en algún momento recuperar a Luca Torelli para trasladarlo a una historia crepuscular como esta. Y digo vértigo porque se trata de un personaje realmente icónico que todos dábamos por supuesto que no iba a volver ¿Os asustaban las expectativas o la respuesta del público?

No en particular, sí cierto peso. A ver, estoy haciendo un trabajo como vos decías, pero es más o menos como hacer un Batman, son personajes que tienen vida propia y no dependen tanto de los artistas, es decir, nosotros los tenemos que acompañar y hacerlos ver lo mejor posible. Lo tomé como un nuevo desafío, me encantan los desafíos así que no le tengo temor. Como siempre, creo que todo se puede mejorar, de hecho alguna página la termino y digo – esta página es una mierda, tengo que mejorarla – (risas) Y así todos los días, todas las páginas y eso de alguna manera también te mantiene activo.

O sea que… entiendo que esa ruptura gráfica con el estilo de Bernet tampoco supuso un escollo.

El lector al principio va a ver… no sé, seguramente algo diferente, espero que quiera acostumbrarse a ver algo diferente, de lo contrario se tendrá que quedar en casa con el viejo Torpedo y no va a leer el nuestro. Ahora, si quiere leer a un personaje que ha crecido, no sé si en todos los ámbitos, y disfrutar de una nueva etapa… esta es otra historia.

Y la disfrutaremos. Gracias Eduardo por tu tiempo y que todo vaya bien en tus nuevos proyectos.

Esperemos, esperemos (risas).


Conferencia de Risso en el festival Viñetas desde o Atlántico.

                                                                

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Una vez más nuestros agradecimientos a la organización de Viñetas desde o Atlántico y a Eduardo Risso.


Roberto M. Lamosa





martes, 5 de septiembre de 2017

Entrevista a Cameron Stewart


Durante el pasado mes de agosto el festival Viñetas desde o Atlántico celebró su vigésima edición en la ciudad de A Coruña, con un brillante plantel de artistas invitados/as entre los que se encontraba el canadiense Cameron Stewart, uno de los valores en alza del mercado americano, coautor de la flamante y exitosa revisión de “Batgirl”, “El club de la lucha 2” secuela de la novela de Chuck Palahniuk, “Assassin’s Creed: the fall” o su personal novela gráfica “Sin título”, con las que se ha convertido por méritos propios en uno de los artistas del momento. Y hasta allí se trasladó nuestro reportero Roberto M. Lamosa, quien con la inestimable ayuda de la intérprete Tati Mancebo pudo entrevistar al afable artista canadiense,  que compartió unos gratos momentos con nosotros para hablar sobre su carrera y trabajos más recientes.

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Haciendo un rápido repaso a tu carrera artística me resulta especialmente llamativo el hecho de que seas un artista de formación autodidacta que en pocos años ha logrado convertirse en una de las figuras más importantes de la escena actual del comic ¿En qué momento supiste que te querías dedicar a esto?

Realmente no lo sé, no puedo recordar el momento exacto, sé que siempre he dibujado desde que era un niño y leía un montón de cómics también. Creo que fue en algún momento durante mis años de instituto, cuando empecé a prestar atención y tomar nota de determinados escritores y artistas y fijarme en cierto material, sin importar mucho quién lo hiciera. En esa época me empecé a dar cuenta de que mucho de lo que me gustaba eran obras de Grant Morrison, Alan Moore… y así es como empecé a interesarme en los cómics como un medio no sólo para contar historias, sino también como una carrera profesional, era consciente de que la gente se ganaba la vida haciendo esto.


Ya que mencionas a Grant Morrison, tus comienzos están más vinculados al mundo de la animación, pero tu salto al mundo del cómic llegaría gracias la ayuda de Grant. Y de esa colaboración surgirían títulos realmente importantes.

Fue un proceso excitante, pues uno de mis primerísimos proyectos en cómic fue trabajando en su serie “Los invisibles”, una historia épica de larga duración. Yo era un gran fan de ese cómic, así que decidí ir la Comic Con de San Diego con mi portfolio bajo el brazo, quería encontrarme por cualquier medio con la editora de “Los invisibles”. Finalmente le pude enseñar mi trabajo tanto a ella como a Grant y les gustó, así que me dijeron que me darían una oportunidad en la serie. Lo que ocurrió es que cerca del final de toda la serie hubo un par de capítulos dibujados por diversos artistas, cada uno se encargó de una serie de páginas. Así que yo dibujé mi parte, estaba realmente emocionado por ver por fin salir mi trabajo en las librerías, pero cuando finalmente lo hizo… realmente no me gustó nada el resultado, me pareció que todos los demás artistas eran terribles (risas)… Yo era joven y arrogante y hablaba más de lo que debía. Era mi primer trabajo en cómics, quiero decir, que yo aún era más un fan que un artista, así que fui a internet y empecé a quejarme del cómic. Lo que ocurrió es que casi destruí mí carrera, mi editora leyó todos mis comentarios y contactó conmigo de inmediato; básicamente no es que me amenazara pero… recuerdo que me dijo – tienes suerte porque eres joven y me caes bien, porque de lo contario no volvería a llamarte para trabajar. Lo bueno del asunto es que Grant también leyó aquellos terribles comentarios y pensó, aquí hay alguien apasionado que realmente entiende mi trabajo, ya que todas mis quejas sobre los demás artistas eran las quejas de un fan diciendo que nadie había entendido lo que estaban dibujando, posiblemente porque no habían trabajado en ese libro antes, ni lo habían leído. Pero Grant creyó que yo había comprendido claramente lo que él estaba haciendo y que yo era un auténtico apasionado de su trabajo. Así que cuando llegó el momento de publicar la edición colectiva permanente de “Los invisibles” me pidió específicamente a mí que redibujara algunas de las secuencias hechas por algunos de aquellos artistas. Y así empezó nuestra relación artística, él estaba realmente satisfecho porque yo era capaz de entender lo que él intentaba expresar, así que entré a formar parte del pequeño círculo de artistas con los que le gustaba trabajar.

Iba a preguntarte precisamente por qué vuestra relación profesional había durado tanto tiempo, pero ya veo que desde el principio hubo una conexión especial…

Sí, creo que vio claramente que yo era alguien que podía trasladar sus ideas a las páginas, ya sabes… una del puñado de personas en las que confiaba…

¿Y realmente esperabas que él iba a leer tus comentarios en internet?

(Risas) No, en absoluto, ni se me había pasado por la cabeza. Yo era joven y estaba enfadado, puse todo eso en internet para que lo leyeran otros fans, no el autor. Ahora ya estoy muy prevenido de todo eso, cualquier cosa que escribas en internet puede ser leída por cualquiera (risas)… A pesar de todo, aquello jugó a mi favor, aunque estuve realmente asustado por estar a punto de arruinar mi carrera, pero al final todo acabó bien.

Demos un pequeño salto para hablar de tu trabajo en la serie A.I.D.P. (el capítulo “Exorcismo” aún no publicado en España en la fecha de la entrevista). Me gustaría saber cómo fue tu forma de llegar a esta serie y si volveremos a ver futuras colaboraciones en ella.

Llegó después de que Dark Horse publicara mi propia novela gráfica “Sin título”. Mi editor para ese libro también era el editor de A.I.D.P. y Hellboy. A él le emocionaba la idea de que yo trabajara haciendo algo en alguna de las dos series y vio una oportunidad en el personaje protagonista de esta historia… En realidad yo no la creé, el personaje aparecía con anterioridad en un comic, pero tenía un rol menor. Así que vieron una oportunidad para cogerla y expandir su historia. Creo que realmente solo querían brindarme la oportunidad, porque en ese punto yo no había escrito material profesionalmente, solo había escrito mi propio libro, pero no había escrito nada para una gran editorial. Creo que simplemente quisieron ayudarme a abrirme el camino, me dijeron que podía escribir algo si quería y así lo hice. Mike Mignola tiene en realidad el control completo de todo, ya sabes… básicamente yo escribí mi guion y Mike lo repasó, dándome un montón de notas útiles, al fin y al cabo él es conocedor de su propia mitología en el universo Hellboy y todo eso junto aparece ahí. Así que sí, realmente fue una oportunidad única poder trabajar en ello, pero no creo que mi participación vaya a ser mayor que la de ese episodio… quién sabe.

Hablando de “Sin título”, resulta llamativo ver que aun moviéndote bastante por el circuito mainstream hayas tenido tiempo para crear una obra tan personal, obra que de hecho comenzó como webcómic y posteriormente sería publicado en formato físico, con la que obtendrías varios galardones. Me surgen dos preguntas, ya que tú mismo lo defines como un thriller de aventura y terror, pero al mismo tiempo dices que también es autobiográfico ¿Es eso posible?

(Risas) Es gracioso, porque es muy autobiográfica y la gente nunca me cree cuando lo digo; las partes que son verdaderamente autobiográficas son aquellas que nunca creerías que lo son, aquellas que parecen más fantásticas e imposibles son aquellas que dibujé a partir de una experiencia directa, algunas vienen de sueños que he tenido, otras de las impresiones emocionales que preservo de mi infancia… que puede que no sean estrictamente exactas a cómo sucedieron, pero son tan cercanas como fui capaz de plasmar al concretar esos recuerdos. De modo que sí, todos los personajes que aparecen son o gente que conocí, o mis padres… el personaje principal en muchos sentidos está basado en mí mismo, un par de cosas fueron cambiadas, claro, para no hacerlas tan reconocibles. Es el trabajo más personal que haya hecho nunca, sin duda… (risas).

Y la segunda pregunta es ¿Te sientes más cómodo teniendo control absoluto de la obra, como en este caso, donde la has escrito, dibujado y publicado; o prefieres las colaboraciones con otros autores?

En realidad prefiero continuar escribiendo y dibujando el material con el que trabajo, me siento más feliz manteniendo el control. Indudablemente colaboro mucho y las colaboraciones tienen sus beneficios, mis debilidades se compensan con las fortalezas de la otra persona y viceversa. En ocasiones es más fácil trabajar con alguien, porque gran parte del trabajo difícil ya está hecho, me entregan el guion y es algo de lo que ya no me tengo que preocupar ¡y eso está genial! Pero después… ilustrar la historia de otra persona es algo puramente visual…  En definitiva, fijándome en mi carrera prefiero contra mis historias y no las de otro.

Hablemos de “El Club de la lucha” ¿Cómo acabó ese proyecto en tus manos?

Bueno, cuando escuché por primera vez que se planeaba hacer una secuela de “El club de la lucha” me pareció una idea terrible; como tantos otros yo era un gran fan de la obra de Chuck, el impacto cultural de “El club de la lucha” es innegable y pensar en una continuación incluso me pareció innecesario. Pero por otra parte pensé – si alguien va a hacer ese trabajo tengo que ser yo – Así que lo que hice fue dibujar un puñado de páginas adaptando uno de los capítulos de la novela y se las mostré al editor de Dark Horse que llevaba el proyecto, básicamente fue como hacer un casting para dibujar el cómic. No sé si fue por eso o porque vieron mi entusiasmo por querer formar parte de ello, pero de alguna manera les convencí.

Me imagino que el proceso creativo debió ser especialmente colaborativo entre Chuck Palahniuk (autor de la novela original), Dave Stewart (colorista), tú mismo y el equipo editorial. Quiero decir… Chuck es un veterano novelista pero un recién llegado al mundo del cómic ¿Fue difícil trabajar con él?

No, en absoluto. Chuck siempre tuvo muy claro que quería que su historia fuera un cómic y no cualquier otro formato, pero es cierto que desconocía totalmente el medio. Desde el principio nos entregó un guion completo de la serie, lo cual no es muy habitual y eso me ayudó mucho para hacerme una idea global de cómo afrontar el proyecto, es decir, podía ver la idea, lo que quería contar y hacia dónde quería encaminarla. Pero a medida que le íbamos mostrando los avances de nuestro trabajo él se daba cuenta de la dinámica y funcionamiento de este medio y cómo nosotros debíamos adaptar su guion, es decir, él era consciente de cómo lo habíamos cambiado y de que debía reescribir su texto para este nuevo lenguaje. Ese mismo verano nos reunimos todos en Portland, Chuck, Dave, Nate Piekos, Scott Allie y yo para vernos cara a cara y allí realizamos una tormenta de ideas, yo tenía mis dudas sobre si Chuck sería muy controlador, pero realmente hizo que todo el proceso fuera muy llevadero, siempre confió en que yo sabía cómo hacer mi trabajo, por lo que estaba muy abierto a aceptar ideas. Fue genial poder formar parte de todo ese proceso creativo.
También tuvimos que trabajar mucho en el aspecto gráfico, porque todo tenía que tener un nuevo diseño pero seguir siendo reconocible. Cuando uno piensa en El club de la lucha a su mente vienen rápidamente las caras de Brad Pitt o Ed Norton, pero no podíamos permitir que hubiera ningún parecido con la película, ya que todo eso es propiedad de 20th Century Fox. Así que me propuse dibujar a Tyler, Marla y demás personajes tal y como yo me los había imaginado, tal y como estaban descritos en el libro. Por suerte a él le parecieron muy fieles a los personajes de su novela y enseguida los aceptó. Además queríamos mantener ese aspecto transgresor con el que la película conseguía desafiar a la propia pantalla: secuencias temblorosas y desenfocadas, personajes hablando al espectador, imágenes que aparecen y desaparecen… En el cómic todavía se puede ver mucho de eso: elementos que invaden las páginas, viñetas que se desmoronan… Dave Stewart también hizo magia con sus colores, en ocasiones incluso puedes ver cómo éstos se desplazan de las viñetas cuando los personajes reciben un buen golpe…

Sobra decir que “El club de la lucha” fue una novela de culto que posteriormente se convertiría en una película de culto, ambas tan veneradas como malinterpretadas, pero en cualquier caso con una legión de fans alrededor del mundo ¿Sentisteis mucha presión mientras trabajabais en esta secuela?

Cierto, no niego que teníamos un trabajo difícil entre manos. Si te das cuenta la historia fue muy mal entendida por los fans, es decir, Tyler Durden es el malo de la película, pero la gente no lo veía así, defendía sus actos, o repetía sus frases como un mantra absurdo…

Quizás el esquema cinematográfico clásico de protagonista-héroe diera lugar a tal idea…

Sí, puede ser… pero ciertamente no era el bueno, puedes estar más o menos de acuerdo con su ideario, pero Tyler hacía cosas terribles para conseguir lo que quería… es una locura (risas), pero mucha gente no lo vio así. Desde luego Chuck cuenta con una apasionada audiencia y sabíamos que habría mucha expectación cuando se publicara el nuevo cómic, pero es algo que no nos iba a afectar, me preocupaba más hacer una obra accesible para un público no muy familiarizado con los cómics. Lo cierto es que Chuck reescribió varias veces la historia a medida que ésta avanzaba y se podría decir que en gran medida de eso trata la propia historia.

Tampoco podemos dejar de hablar de “Batgirl”, donde formaste equipo artístico con Brenden Fletcher y Babs Tarr, y de donde salió uno de los títulos más rentables y sorprendentes de los últimos años. La cuestión es si este éxito fue algo realmente inesperado para vosotros o ya veíais una veta de oro cuando os ofrecieron el proyecto.

En realidad ambas cosas. Todo esto ocurrió cuando las oficinas de DC se estaban trasladando de Nueva York a California, en ese momento me ofrecieron hacerme cargo del título de Batgirl en un intento para relanzar la serie, pero yo ya estaba embarcado en otro proyecto simultáneamente, así que se me ocurrió preguntarle a Brenden si le gustaría trabajar conmigo en esta serie. Brenden y yo somos amigos desde hace muchísimos años y como os digo compartíamos la misma visión sobre cómo deberían ser los cómics de superhéroes, así que pensé que sería la persona más adecuada con la que trabajar en esto. La cuestión era que por aquel entonces toda la línea editorial de DC estaba plagada de series muy parecidas a lo que nos proponían, historias muy oscuras, sangrientas, llenas de asesinos en serie… ya os podéis hacer una idea. Pero nosotros queríamos romper con eso, les propusimos hacer algo totalmente diferente, si íbamos a iniciar una nueva etapa del personaje queríamos hacerlo de otra manera y ahí es donde entró Babs; yo seguía su trabajo desde hace tiempo y me encantaban sus diseños, sin duda podía aportar un dibujo con mucho más estilo y una nueva imagen más a la moda y juvenil, acorde a lo que queríamos. Pero el problema es que ella nunca antes había trabajado en cómics, tuvimos que convencer a nuestros editores para meterla en el equipo, pero finalmente lo conseguimos. Estábamos seguros de que podríamos alcanzar a un nuevo público que hasta ahora se escapaba si abandonábamos esa línea oscura que estaba siguiendo la editorial, y mira… funcionó. No solo a los lectores habituales les gustó, sino que además alcanzamos a un nuevo público, joven, incluso muchas chicas que podían identificarse con Batgirl. Desde luego la editorial aprendió de la experiencia porque desde entonces ha repetido la fórmula con otros títulos, algo muy rentable económicamente a muchos niveles, incluso una vez que acabamos la serie, de hecho existe toda una línea de merchandising de Batgirl: ropa, tazas, muñecos… por la que por cierto no hemos visto ni un centavo (risas).

Y tu colaboración con Brenden y Babs se ha prolongado con vuestro más reciente trabajo, aún no publicado en España, titulado “Motor Crush” ¿Qué nos puedes contra de él?

Ehhhh… pues es un proyecto personal en el que queríamos meternos desde hace tiempo. ”Motor Crush” es una historia de ciencia ficción y acción, ambientada en una sociedad futura donde las carreras de motos se han convertido en el deporte más popular y los pilotos son auténticas celebridades; Domino Swift es la protagonista, una ruda motorista que por el día compite en la liga oficial, pero por las noches participa en violentas carreras ilegales por las calles de la ciudad, enfrentándose a bandas rivales en una pelea para controlar una sustancia llamada crush, una extraña droga, pero una droga que no es para las personas sino para las motos (risas), que las hace más potentes y también crea una dependencia en ellas.
Veníamos de hacer Batgirl, que estaba orientada hacia un público más juvenil y nos apetecía hacer algo más… duro, quizás para un público más adulto. En este trabajo hay cierta influencia de obras como Akira, Speed Racer, etc… En “Motor Crush” habrá bastante aventura, violencia, quizás algo de sexo, pero también habrá tiempo para algo de romance; Domino tiene una relación conflictiva con su exnovia, pero durante el transcurso de estas carreras volverán a encontrarse y claro… intentará recuperar los lazos perdidos. Y por supuesto está el misterio de por qué es tan importante para ella conseguir esa droga a cualquier precio.

¿Pero realmente se sabe qué es el crush, o es algo que nunca llegaremos a conocer?

(risas) Sí, bueno… es algo que sé desde el principio, incluso antes de escribir la historia, pero no podemos decirlo (risas)… Ahí está el meollo de la cuestión.

Para terminar… ¿presentes o futuros proyectos?

Bueno… no puedo decirte nada concreto, pero sigo muy entusiasmado con continuar haciendo cómics, con “Motor Crush”, escribir, quizás repetir la experiencia con videojuegos o algo en audiovisual… es muy pronto para poder decir nada.

Bueno Cameron, pues solo puedo agradecerte el tiempo que has tenido para nosotros y desearte lo mejor en esos proyectos. Mientras tanto esperaremos impacientes por “Motor Crush”.

Gracias a vosotros, ha sido un placer.


Conferencia de Stewart en Viñetas desde o Atlántico 2017.

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Nuestros agradecimientos a toda la organización de Viñetas desde o Atlántico por hacer posible este encuentro. Y a Tati Mancebo por su inestimable ayuda con la traducción y sus valiosos aportes a esta entrevista.


Roberto M. Lamosa